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Francisco González Bocanegra: el poeta del Himno Nacional

Nacimiento de un poeta

El 8 de enero de 1824, en San Luis Potosí, nació Francisco González Bocanegra, poeta, intelectual y célebre por ser el autor de los versos del Himno Nacional Mexicano.

El exilio

A inicios de 1827 se descubrió la llamada “conspiración del padre Arenas”, un intento de restaurar la soberanía española en México con el apoyo de algunos residentes españoles fieles a la Corona. Como respuesta, el presidente Guadalupe Victoria emitió un decreto para expulsar a los españoles residentes en México, pues no permitiría el crecimiento de un movimiento que amenazara la estabilidad de la recién formada República Mexicana.

La ciudad de Cádiz hacia 1830, grabado de los frères Rouargue,

El padre de Francisco era un militar español que había servido en el ejército realista, por lo que la familia González fue expulsada del país y se estableció en Cádiz, España, donde Francisco vivió su niñez e inició sus estudios en literatura.

Regreso a la patria

Después de que España finalmente desistiera de los intentos por reconquistar México y reconociera su independencia, la familia González Bocanegra pudo regresar al país en 1836. Aquí Francisco continuó sus estudios, con especial interés en la literatura, la poesía y el derecho.

Publicó parte de su obra en periódicos y revistas, y fue fundador e integrante de la Academia de Letrán —más tarde conocida como Liceo de Hidalgo—, una agrupación que reunía a intelectuales, poetas, escritores y periodistas que se encontraban para desarrollar su obra literaria.

Además de su vida académica, algunas fuentes señalan que también se dedicó al comercio y que ocupó cargos administrativos como empleado del Estado como oficial archivero de la Administración General de Caminos durante el gobierno de Antonio López de Santa Anna, censor de teatro y director del Diario Oficial del Supremo Gobierno en la administración de Miguel Miramón.

La composición del Himno Nacional

El 12 de noviembre de 1853, el Supremo Gobierno de la Nación emitió una convocatoria para crear una composición poética que sirviera como canto patriótico, es decir, como Himno Nacional. La convocatoria estipulaba un plazo de 20 días para entregar las propuestas.

Francisco no se visualizaba escribiendo ese tipo de versos. Era un hombre tímido, poco interesado en la vida pública y la política, y sobre todo, no confiaba en su capacidad para crear una obra de tal magnitud, aunque su círculo cercano creía firmemente en su talento y lo alentaba a participar.

Fue entonces cuando su prima y prometida, Guadalupe González del Pino Villalpando, decidió tomar medidas drásticas. Preparó la habitación más apartada de su casa con papel, tinta, escritorio y libros, y lo encerró hasta que entregara una composición.

Aunque no se trata de un hecho plenamente verificado, se dice que el poeta terminó los versos del Himno Nacional en apenas cuatro horas, algo posible si se considera que Francisco era un poeta clásico, entrenado y disciplinado. Probablemente ya tenía ideas previas para un tema tan definido, sobre todo en un contexto político tan intenso: México venía de enfrentar invasiones estadounidenses, había perdido más de la mitad de su territorio, contaba con un ejército desmoralizado y una identidad nacional frágil. Suficientes problemas y emociones para inspirar los poderosos versos del canto patrio.

Francisco produjo obra literaria, periodística y dramatúrgica, y ganó el respeto de otros intelectuales, como Andrés Henestrosa, quien escribió:
“Los enérgicos versos de Francisco González Bocanegra, que si otras cosas no hubiera escrito, le bastaban las estrofas del Himno Nacional para no morir en el recuerdo de los hombres.”

El ocaso de su vida y memoria histórica

Los últimos años de vida de Francisco González Bocanegra transcurrieron entre el servicio público, la creación literaria y, finalmente, la persecución política. Aunque nunca fue militar ni líder político, era visto como un intelectual afín a la ideología conservadora que legitimó al régimen anterior.

En 1861, tras el triunfo liberal en la Guerra de Reforma, González Bocanegra fue detenido por su filiación conservadora. No recibió un juicio formal; fue recluido en condiciones duras, comunes en la época: hacinamiento, falta de higiene y mala alimentación. Como consecuencia, contrajo fiebre tifoidea y fue liberado por “razones de salud”. Estaba muy debilitado y falleció pocos meses después.

No cometió delitos, pero en el contexto político del siglo XIX la ideología era considerada un criterio de lealtad o traición. Su colaboración durante el gobierno de Santa Anna, quien en su última etapa gobernó como dictador, marcó negativamente su imagen pública.

Algunas versiones señalan que, tras el triunfo liberal, Francisco se refugiaba en casa de un amigo en la Ciudad de México para evitar ser detenido; otras indican que fue aprehendido, encarcelado sin juicio y liberado más tarde por razones de salud. Lo cierto es que sus últimos meses de vida los pasó separado de su familia, enfermo de fiebre tifoidea, y falleció el 11 de abril de 1861, a los 37 años de edad.

Los periódicos de la capital mencionaron “la muerte del joven poeta que tanto prometía”, pero omitieron su autoría del Himno Nacional, que entonces estaba prohibido debido a un par de estrofas que mencionaban a Santa Anna e Iturbide. Sus restos descansan hoy en la Rotonda de las Personas Ilustres, junto a los de Jaime Nunó, compositor de la música del Himno Nacional.

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