
Cuando pensamos en literatura mexicana, casi siempre se nos vienen a la mente nombres como Octavio Paz, Rosario Castellanos, Juan Rulfo y Carlos Fuentes, quienes sin duda fueron grandes escritores. Pero hay otra literatura, que hunde sus raíces siglos antes que ellos y que, afortunadamente, no se perdió en el tiempo ni las barreras del lenguaje y hoy se escribe con más fuerza que nunca, aunque muy poca de esa literatura se enseña en la escuela: la literatura en lenguas originarias de México.
No es una literatura que pertenezca al pasado o a los museos, es una literatura, contemporánea, urgente y profundamente humana. Y el Día Internacional del Libro es un gran momento para acercarse a ella.
Existe la tendencia a creer que la cultura indígena es únicamente folclor e historia, pero los autores que escriben en lenguas originarias nos recuerdan que los pueblos indígenas están vigentes, que tienen una rica identidad, pero también lenguas en peligro de extinción, violencia y desplazamiento. Se pone ante nosotros una literatura que es importante que exista y que no se puede dejar para después.
¿Por qué es una literatura no tan conocida?
El canon literario –esos libros que se consideran “los importantes”- se construyó durante siglos bajo criterios muy específicos y en el actuar conjunto de diversas instituciones.
Quizá el mecanismo más poderoso sean las escuelas y universidades, pues lo que se enseña en el aula se convierte en “lo relevante”. Entonces, si generaciones enteras leen a Shakespeare, Cervantes u Octavio Paz, esos autores se graban colectivamente como referentes de la literatura. Esto no significa que los autores canónicos sean malos, Rulfo es extraordinario, el problema radica en la ilusión de completud, porque el canon se presenta como “lo mejor que existe” y no como “lo mejor que se ha reconocido”.
Las editoriales y los premios también moldean el canon, los premios importantes como el Nobel, Booker o Cervantes, no sólo premian al autor, también lo instalan en una jerarquía. Aunado a esto, las grandes editoriales deciden qué se traduce, qué se distribuye y qué llega a las librerías. Además, la crítica literaria fija por escrito en ensayos, antologías y reseñas, qué obras resisten el paso del tiempo y cuáles no.
Así, no por conspiración sino por estructura, todos estos mecanismos han sido controlados por un perfil muy específico de persona: hombre, europeo o de élite urbana escribiendo en las lenguas dominantes. El resultado es un canon que refleja esa mirada y excluye todo lo demás, mujeres, literaturas orales, lenguas no europeas y clases populares.
Las voces indígenas, desde luego no estaban en ese canon, no porque no existieran sino por un sistema que no estaba preparado para recibirlas.
Además del español, México tiene 68 lenguas indígenas, cada una con su tradición oral, cosmovisión y poesía. A estas alturas, ignorarlas no sería error sino elección.
“No soy bruja, soy curandera de palabras. Las palabras pueden sanar, pero también pueden matar.”
— Mikeas Sánchez, poeta zoque de Chiapas
¿Por dónde empezar si no eres lector habitual?
La literatura indígena ofrece géneros especialmente accesibles y enriquecedores para quienes se están formando o retomando el hábito de la lectura:
- La poesía, por ejemplo, puede leerse en pocos minutos y no exige una forma específica de lectura, permite un acercamiento breve pero profundo al lenguaje.
- Los cuentos tradicionales, en su mayoría de origen oral, suelen ser narraciones ágiles que transmiten valores, mitos y enseñanzas sin requerir una lectura extensa.
- La crónica y el testimonio, por su parte, acercan al lector a experiencias reales, memorias comunitarias y procesos históricos desde voces que rara vez aparecen en los relatos oficiales.
- Los libros bilingües ilustrados que invitan a una lectura más visual y culturalmente rica, donde el texto y la imagen dialogan.
En conjunto, estos géneros no solo ayudan a desarrollar el hábito lector, sino que también abren la puerta a diversas formas de entender el mundo.
Tres voces para empezar

Mikeas Sánchez: originaria de Chiapas, escribe poesía y también narra la vida en la naturaleza y la cotidianidad de las mujeres. Escribe en lengua toque y español.
Natalia Toledo: Nacida en Oaxaca, escribe en zapoteco y español, además es ganadora del Premio Nezahualcóyotl de Literatura en Lenguas Mexicanas.
Hubert Matiúwàa: Es un autor tlapaneco que escribe poesía y memoria, nos alerta sobre el derecho de los pueblos originarios a vivir y salvaguardar su identidad.
Leer literatura indígena, no es un acto de caridad, ni ser políticamente correctos, es reconocer que México es más rico, más complejo y bello de lo que nos enseñaron, y ese reconocimiento de lector a lector, también es una forma de justicia.
Complejo Cultural Universitario Eventos culturales y artísticos en Puebla