
Hay fotografías que informan y hay fotografías que transforman. Las de Sebastião Salgado pertenecen a la segunda categoría. No documentan el mundo — lo revelan. Y cuando el mundo que revelan es un planeta todavía intacto, salvaje y silencioso, la fotografía deja de ser arte para convertirse en un argumento a favor de la vida.

Sebastião Salgado nació en 1944 en Aimorés, Brasil, en una región de selva atlántica. Se formó como economista en Brasil y París, trabajó para organismos internacionales antes de convertirse en fotógrafo. Aunque nunca estudió fotografía formalmente, el deseo de fotografiar las cosas que para el eran importantes le llevó a desarrollar un gran talento, su primer gran proyecto Otras Américas lo consolidó como voz documental, pero sus proyectos Trabajadores y Éxodos lo convirtieron en referencia mundial del fotoperiodismo humanista. Fue precisamente el trabajo que hizo con Exodos, documentando migraciones masivas, desplazamiento forzado y la crudeza de los conflictos humanos como el genocidio en Ruanda, lo que le hizo volver a su hogar en Brasil con una gran desesperanza, cuestionándose la supervivencia del ser humano, sólo para encontrar un escenario también desolador: la selva que lo había rodeado al crecer estaba devastada por la deforestación.

De esta experiencia Sebastião y su esposa Lélia decidieron hacer algo sanador, y fundaron el Instituto Terra: reforestaron 700 hectáreas de selva atlántica degradada en Brasil. Creyeron en la capacidad que la tierra tiene para regenerarse a sí misma en las condiciones adecuadas, y con un pequeño grupo de personas llegaron a plantar más de 4 millones de árboles.
“La tierra estaba tan enferma como yo, todo fue destruido […] mi esposa tuvo una idea fabulosa para replantar este bosque y cuando empezamos a llevarla a cabo, todos los insectos, aves y peces regresaron”.
— Sebastião Salgado / The Guardian

Para completar la catarsis, Sebastiao hizo una serie de viajes a regiones que han escapado del deterioro que ocasiona la huella del hombre: La Amazonia, pantanales, África, Santuarios como Las Galápagos, islas y paisajes antárticos y pueblos indígenas del norte como Nenet en Siberia. La expedición duró ocho años y el resultado fue el Proyecto Génesis, el deseo de un hombre por mostrarle al mundo la naturaleza prístina que vale la pena proteger, la vida silvestre, y comunidades indígenas que viven en armonía con sus tradiciones ancestrales.

El Proyecto Génesis y el Instituto Terra no son acciones separadas: son una filosofía de vida. La fotografía envía el mensaje; la reforestación lo convierte en acto. Génesis no es un catálogo de lo que estamos perdiendo, sino un recordatorio de lo que todavía existe. El Instituto Terra es la prueba de que lo perdido puede recuperarse, siempre que alguien decida creer en ello y actuar.

Cuatro millones de árboles y 245 fotografías después, su legado no se mide en premios ni en exposiciones. Se mide en los insectos que regresaron, en los peces que volvieron al río, en los bosques que volvieron a respirar.
El Proyecto Génesis nos recuerda que aún hay un planeta que vale la pena fotografiar. El Instituto Terra nos recuerda que aún hay un planeta que vale la pena cuidar. Y Salgado nos recuerda que ambas cosas, mirar y actuar, pueden nacer del mismo amor.
“Necesitamos reconectar con el planeta. Necesitamos respetar la naturaleza de la que formamos parte.”
— Sebastião Salgado
Tania Morales Pacheco
Comunicóloga, editora de contenidos.
Complejo Cultural Universitario Eventos culturales y artísticos en Puebla