
Recibir un mundial de fútbol de la FIFA, es un acontecimiento que puede ocurrirle a algunos países una sola vez en la vida, o tres, si ese país es México. Con motivo de esta extraordinaria celebración, las instituciones y los agentes culturales, e incluso los intelectuales, han volcado su interés en el fútbol. Nuestra atención se centra cada tanto en ese fulgor que mueve masas por doquier en el planeta. No es de extrañar, pues, que dediquemos estas líneas a reflexionar sobre la celebración de tan importante justa deportiva en nuestro país.
Decididamente interesados en participar en un diálogo que se ofrece inaplazable, y del cual no podríamos excluirnos en nuestra condición de institución cultural, la BUAP, a través del Complejo Cultural Universitario y la dirección de Difusión Cultural, se ha sumado a los eventos, que rondan el mundial, presentando un conjunto de exposiciones en el marco del proyecto “Dribling y metáfora” y trayendo a Juan Villoro para conversar sobre su más reciente libro “Los héroes numerados” . En este último, Villoro conduce la lectura por un conjunto de once ensayos, del mismo modo en que Messi conduce la pelota. La agilidad, la ductilidad y la riqueza técnica, hacen que la lectora o el lector se quede prendado de las historias que narra, así como la pelota va pegadita al pie izquierdo del 10 argentino. En sus ensayos, Villoro ofrece crónicas y exacerbados relatos sobre míticos, momentos del balompié, reflexiones únicas sobre la condición del futbolista, del fanático y de algunos otros objetos que, pese a ser inanimados, parecen cobrar vida en la dinámica propia de un juego con propiedades taumatúrgicas. Así el color de las camisetas, la “numeralia” y el balón son seres con voluntad propia y una capacidad sin par de alentar a los cardiopáticos seguidores de este deporte.

No obstante, aún en medio de la crónica epopéyica del balón, el hábil escritor se da tiempo para criticar la organización y el secuestro de nuestro deporte a manos de organizaciones lideradas por tecnócratas indolentes y abúlicos. El costo de la boletería ha marginado a algunos millones de personas de cumplir su sueño dorado, y han entregado el goce del deporte más popular del mundo a influencers, políticos, banqueros, CEOs, o una pléyade de aficionados ocasionales cuyo único mérito es pertenecer a una élite pletórica de impedidos para la pelota. Sí, habrá algunos apasionados que hayan hipotecado su vivienda para asistir al juego inaugural, y considerarán que aún en estas circunstancias es válido tal acto de entrega, pero el grueso de hinchas, los civiles de a pie que saben ir a saltar por dos horas a un estadio alentando a su equipo, difícilmente podrían granjearse una oportunidad similar.
Este desaire propalado por la FIFA, y auspiciado tácitamente por todos los otros actores que han fungido como organizadores del evento, ha traicionado a la estirpe futbolera que desde hace más de cien años encumbró a este deporte a los estrados más altos del afecto global. La enorme popularidad del fútbol radica en su nimia exigencia de instrumentos para su práctica. Ante la necesidad, una cascarita de esquina puede improvisarse entre seis o cuatro individuos, una portería puede concebirse con ladrillos, y hasta la pelota viene sobrando si el deseo alimenta la imaginación lo suficiente como para que una botella o una bola de papel se conviertan de golpe en la “Trionda” de turno. Es descabellado pues que un deporte cuya ontología pondera incluso los orígenes más humildes, hoy quede en manos de unos cuantos desapasionados acaudalados.

Quizá por ello, y apelando al antológico título de la obra de Eduardo Galeano, convenga volver los ojos al fútbol primigenio, a ese juego sagrado que se practica en el potrero, en la calle, en la cancha del barrio, en el club popular, en la liga municipal; y no únicamente en los estadios multimillonarios que los estadounidenses construyeron para su futbol: ese que se juega con las manos. Sí, quizá hoy convenga volver los ojos y la pasión al “Fútbol a sol y sombra”, fundarse la playera y salir a patear con los amigos y las amigas un rato. Bendito sea el futbol que es omnipresente y omnisciente, y que todo lo perdona.
Dr. Carlos Felipe Suárez S.
Responsable de la Galería de Arte del CCU-BUAP
Docente de la Facultad de Artes Plásticas y Audiovisuales
Enérgico pambolero
Complejo Cultural Universitario Eventos culturales y artísticos en Puebla