viernes , 17 julio 2026
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El poncho de Woody: una prenda con siglos de historia 

Toy Story 5
Toy Story 5 (Pixar, 2025). Tráiler oficial. Uso con fines informativos y culturales sin fines de lucro.

 

Una de las escenas icónicas en la película de Toy Story 5, fue cuando vimos reaparecer a nuestro querido vaquero Woody luciendo un poncho, como una clara referencia al “hombre sin nombre”, personaje creado por Sergio Leone e interpretado por Clint Eastwood, un pistolero errante del viejo oeste que vestía un característico poncho. Aunque históricamente el vaquero americano no utilizaba el poncho, en cambio el mexicano sí, y es que detrás de esa prenda hay una historia que va mucho más allá del cine, y que tiene raíces profundas en América Latina. 

 

De los andes al mundo 

Mujeres tejedoras en la comunidad de Ollantaytambo. Foto Nacho Meneses | Recuperado de viajes.nationalgeographic.com.es

 

El poncho no nació en el Viejo Oeste. Nació en los Andes, en las regiones habitadas más altas del mundo, entre llanuras frías combinadas con picos volcánicos, entre páramos lluviosos y espesas neblinas, entre feroces fríos patagónicos y vientos secos que barren la tierra. Entre regiones con climas tan diferentes como extremos, y hogar de los pueblos mapuches, quechuas, aimaras y cañaris. 

Los ponchos eran elaborados para proteger de los climas extremos, con técnicas que se utilizan aún hoy en día y con herramientas diseñadas hace siglos: 

  • Telar de cintura (Awana): es el más antiguo y utilizado en los Andes Centrales.  
  • Telar de cuatro estacas: permite tejer piezas más anchas y pesadas, como los grandes ponchos masculinos. 
  • La Pushka o Huso: con esta herramienta las mujeres andinas hilan en cualquier momento: mientras caminan, pastorean o conversan. 

 

Una tecnología tejida a mano 

Campesino con poncho tejido en telar | Recuperado de viajes.nationalgeographic.com.es

 

Algo increíble de los tejidos de ponchos, es que diferían según el clima de la región. Así como en la actualidad existen varios tipos de tejidos que se adaptan al estilo de vida, hace cientos de años, los pueblos andinos crearon su propia tecnología textil.  

Entonces, los artesanos primero seleccionaban el material: podía ser lana de alguna variedad de oveja, de alpaca, vicuña; fibras gruesas, mezclas densas de lana, y mezclas con algodón.  

Antes de tejer se procedía a realizar un teñido de los hilos. Cada piso ecológico de los Andes se tejía según las necesidades que generaba cada tipo de clima, y los insumos disponibles para teñir la lana también variaban. Obtenían rojos, camines y morados de la cochinilla, un pequeño insecto de las tunas y nopales; los azules y turquesas extraídos de plantas que crecen en las zonas más bajas y cálidas; amarillos y dorados se obtenían de las flores del árbol Qolle o de las hojas del arbusto Chilca, ambos nativos de los valles interandinos; para obtener verde hacían un doble teñido con un baño de color amarillo y después un baño de color azul; para obtener marrones grises y negros sólo dejaban los tejidos en el color natural de las variedades genéticas de alpacas y llamas; pero si lo que querían era un negro intenso, entonces podían utilizar las hojas y cáscara de la nuez de nogal. 

Después elegían una técnica: hilados gruesos y torsión tensa para proteger de los vientos del desierto alto, y de las bajas temperaturas nocturnas permitiendo dormir bajo la intemperie durante el pastoreo; tejidos de trama cerrada que solía frotarse con agua para que las fibras se engancharan entre sí, y que, al tejerse con lana alta en grasa natural, lograban un poncho repelente al agua; tejidos flexibles de doble faz para ponchos más ligeros; tejidos gruesos y compactos que protegían incluso del granizo. 

 

Más que abrigo: lenguaje y poder 

Entonces, había tecnología que variaba según la región y las actividades de los portadores, pero también estaban las confecciones para la realeza, para ellos se reservaban los tejidos más suaves y de alta gama, y eran los miembros de la familia real quienes usaban exclusivamente ponchos de fibra de vicuña -que, por cierto, se encuentra en peligro de extinción debido a la caza furtiva por su codiciada fibra-. Además, había patrones de diseño específicos para comunicar la jerarquía, incluso en ocasiones ceremoniales de gran importancia, los artesanos podían llegar a utilizar hilos de oro, conchas sagradas y plumas de aves exóticas. 

 

Del altiplano a la pantalla grande 

Fotograma: Por un puñado de dólares (Leone, 1964). United Artists.

 

El poncho que vemos en Woody no es un accesorio casual. Es el resultado de siglos de ingenio textil andino, de rutas comerciales que cruzaron fronteras, de vaqueros mexicanos que lo adoptaron como parte de su identidad, y de un director italiano que lo convirtió en el uniforme del antihéroe cinematográfico por excelencia. 

Una prenda que nació para proteger del granizo patagónico y de los vientos del altiplano terminó, siglos después, sobre los hombros de un juguete de plástico en una pantalla de cine. Esa es la forma silenciosa en que las culturas viajan, se transforman y vuelven a aparecer donde menos lo esperas. 

La próxima vez que veas un poncho, ya sabrás que cargas con más historia de la que parece. 

 

 

Tania Morales Pacheco
Comunicóloga, editora de contenidos.

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