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La Guelaguetza y el orgullo de los pueblos de Oaxaca

Foto: Davidanegas. Gran festival Guelaguetza 2019, Convento de Santo Domingo, Oaxaca

 

Cada año, en el mes de julio, Oaxaca recibe miles de visitantes que acuden a disfrutar de un colorido jolgorio. Los turistas abarrotan las tribunas para presenciar hermosos bailes folklóricos, desfiles, ferias gastronómicas y de artesanías. Esta gran fiesta es La Guelaguetza, que más allá de ser un festejo multitudinario con especial atractivo para los turistas, tiene un significado hermoso y es el latido del corazón de Oaxaca.

La palabra Guelaguetza proviene del zapoteco guendalizaa o guelaguetza, que significa “ofrenda”, “cooperación”, “ayuda mutua” o “compartir recíprocamente”. Es decir, la esencia de esta fiesta es reforzar los lazos de la comunidad y solidaridad entre los pueblos oaxaqueños. Y demuestra la importancia compartir, ayudar, y dar con generosidad. Es un compromiso comunitario que une a personas y pueblos indígenas de Oaxaca.

Las raíces de este festejo emblemático son prehispánicas, los indígenas oaxaqueños celebraban rituales en honor a Centéotl —diosa del maíz de origen mexica, cuya figura se integró después a la narrativa de la fiesta— o, en la cosmovisión zapoteca original, a Pitao Cozobi. Durante casi ocho días, las comunidades realizaban ceremonias, danzas, ofrendas y tocaban música para agradecer las cosechas y pedir prosperidad para el siguiente ciclo agrícola.

Al llegar los españoles, las celebraciones indígenas se fusionaron con las festividades católicas dedicadas a la Virgen del Carmen, y de ahí surgieron los Lunes del Cerro en el Cerro Del Fortín. Aún así, las nuevas fiestas conservaron muchos elementos de las tradiciones originarias. A partir de 1932, como parte de la celebración del IV centenario de Oaxaca, se organizó un encuentro de delegaciones de las distintas zonas del estado para presentar sus bailes, música y costumbres. Este evento tuvo una excelente acogida por los asistentes, que consolidó la celebración de La Guelaguetza como la conocemos hoy.

 

Cartel del programa de “Lunes del Cerro”, Oaxaca de Juárez, julio de 1950. Imagen compartida por Radio Mar Huatulco 106.3 en Facebook.

 

Actualmente, la Guelaguetza reúne a delegaciones de las ocho regiones de Oaxaca:

Cañada: Tierra de cañones y comunidades mazatecas, famosa por el icónico bailable Flor de Piña.

Costa: Zona de importante influencia afromexicana, reconocida por sus alegres chilenas y la Danza de los Diablos.

Istmo de Tehuantepec: Destaca por sus imponentes trajes de gala bordados y el Baile de la Sandunga.

Mixteca: Región montañosa que deslumbra con su histórico Jarabe Mixteco.

Papaloapan: Tierra de clima tropical bañada por el río, comparte bailes llenos de algarabía.

Sierra Norte (Sierra Juárez): Comunidades de la sierra que participan con sones y jarabes característicos.

Sierra Sur: Mezcla de cosmovisión indígena con danzas tradicionales de sus comunidades montañosas.

Valles Centrales: Región sede que abre la fiesta con las tradicionales Chinas Oaxaqueñas y el Jarabe del Valle

Durante la fiesta de La Guelaguetza, delegaciones de las ocho regiones de Oaxaca se reúnen para presentar de manera viva su herencia cultural con vestimenta típica, danzas tradicionales, música representativa, gastronomía y artesanías.

Al finalizar las presentaciones, es costumbre que los participantes lancen al público productos regionales como frutas, pan, café, mezcal o artesanías, en un gesto que simboliza el espíritu de la guelaguetza: compartir y fortalecer los lazos de solidaridad entre las personas.

Hoy en día, la Guelaguetza constituye una de las expresiones más representativas del patrimonio cultural de Oaxaca y de México. Se celebra los dos lunes posteriores al 16 de julio (excepto cuando el primero coincide con el aniversario luctuoso de Benito Juárez, caso en el que se recorre una semana). Pero más allá del calendario, cada edición repite el mismo gesto que le dio origen hace siglos: ocho regiones que se reúnen no para competir, sino para compartir. En ese intercambio de danzas, cantos y ofrendas está la clave de por qué esta fiesta ha sobrevivido a la conquista, a la modernidad y al paso del tiempo — porque la guelaguetza, como práctica y como palabra, sigue significando lo mismo: dar sin que se acabe.

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